Pendema

El taller de colado en barbotina:
de la pasta líquida al esmalte

Colar es dejar que la escayola haga el trabajo. Una pasta cerámica en estado líquido entra en un molde poroso, el molde le quita agua por contacto y sobre la pared interior se va formando un espesor sólido. Todo lo demás —la elección del electrolito, la densidad exacta, el tiempo de espera, la manera de vaciar y de abrir— sirve para que ese espesor crezca de forma regular y la pieza salga entera.

Estas páginas reúnen notas ordenadas sobre cada uno de esos pasos, con el detalle que suele faltar cuando un colado empieza a fallar y no se sabe si la culpa es de la pasta, del molde o del calendario de secado.

Piezas cerámicas coladas, sin esmaltar, secándose sobre una tabla en un taller
Piezas recién desmoldadas, en secado previo al bizcochado. Imagen editorial de taller, sin relación con ningún obrador concreto.

Sección I La pasta y los electrolitos

Por qué una barbotina no es simplemente arcilla con agua

Si se diluye arcilla hasta que fluya, hace falta una cantidad enorme de agua: las partículas se atraen entre sí y forman grumos que atrapan líquido en su interior. Esa pasta corre mal, deja mucho agua en el molde y encoge sin medida al secar. El colado se apoya en el efecto contrario: separar las partículas para que el conjunto fluya con la menor cantidad de agua posible.

De eso se ocupa el electrolito, llamado también desfloculante. En pequeñas dosis modifica la carga superficial de las partículas de arcilla, que pasan a repelerse en lugar de agruparse. El resultado práctico es una pasta que fluye con un 30–35 % de agua en lugar del 50 % o más que exigiría sin él, y que por tanto deja menos humedad en la escayola y contrae mucho menos.

Los desfloculantes de uso corriente

En los talleres se trabaja casi siempre con silicato sódico, carbonato sódico o una mezcla de ambos, y cada vez más con desfloculantes orgánicos del tipo poliacrilato. El silicato da fluidez inmediata y tiende a producir pastas algo más tixotrópicas; el carbonato ayuda a mantener el cuerpo de la barbotina y a que la pieza aguante mejor el desmoldeo. La mezcla de los dos, en proporciones que se afinan por ensayo, suele dar un comportamiento más estable que cualquiera de ellos por separado.

Las dosis son minúsculas: se mueven en el entorno de dos a cuatro gramos por kilo de pasta seca, y el margen entre defecto y exceso es estrecho. Con poco electrolito la barbotina queda espesa y arrastra el aire; con demasiado se pasa el punto de mínima viscosidad y la pasta vuelve a espesar, esta vez de una manera desagradable: se vuelve pegajosa, forma una pared blanda y se agarra al molde.

Cómo se ajusta sin estropear una amasada

  • Preparar el electrolito siempre en disolución conocida, nunca a cucharadas del producto puro.
  • Añadir en pasos pequeños, con la pasta bien agitada, y esperar unos minutos antes de juzgar el resultado.
  • Anotar cada adición: la memoria del taller es el cuaderno, no la cabeza.
  • Probar primero sobre uno o dos litros apartados antes de tocar el depósito entero.
  • Recordar que el agua de la red no es neutra: su dureza cambia la dosis necesaria de un taller a otro.

Si se ha pasado el punto óptimo, añadir más desfloculante empeora las cosas. Lo que se corrige entonces es la proporción de sólidos, incorporando pasta seca o barbotina recién hecha sin electrolito, y no repitiendo la dosis que causó el problema.

Sección II Densidad, fluidez y reposo

Dos medidas que gobiernan el colado

Una barbotina se describe con dos números que hay que leer juntos. La densidad indica cuánta materia sólida lleva por unidad de volumen y se mide con un picnómetro o pesando un volumen fijo en una probeta tarada; las pastas blancas de colado suelen moverse entre 1,70 y 1,80 g/cm³, algo menos en pastas muy plásticas. La fluidez se comprueba con una copa de flujo, cronometrando el vaciado por el orificio inferior, o simplemente observando cómo cae el hilo de pasta desde una jarra.

La combinación deseable es densidad alta con viscosidad baja. Una pasta ligera fluye sin esfuerzo, pero forma la pared muy despacio, deja mucha agua en la escayola y obliga a esperar más entre coladas. Una pasta densa y espesa forma pared rápido y de manera irregular, atrapa aire en las esquinas y reproduce mal el detalle del molde.

La tixotropía y el tiempo de reposo

Casi todas las barbotinas espesan al quedarse quietas y vuelven a fluir en cuanto se agitan. Ese comportamiento, la tixotropía, no es un defecto en sí: una ligera tendencia a espesar ayuda a que la pieza aguante en pie tras el vaciado. El problema aparece cuando es excesiva, porque la pasta empieza a cuajar dentro del molde mientras se vacía y deja marcas de escurrido en la pared interior.

Por eso el estado de la pasta en el momento de colar importa tanto como su fórmula. Conviene agitar el depósito con tiempo suficiente, sin batir violentamente, y dejar reposar unos minutos para que el aire incorporado suba antes de llenar el molde. Un tamizado a la salida retiene grumos y costras secas desprendidas de las paredes del depósito, que son una fuente frecuente de puntos duros en la pieza acabada.

  • Agitar sin generar remolino: el vórtice mete aire que después aparece como burbujas.
  • Tamizar la pasta antes de colar, con malla fina, siempre que venga de un depósito en reposo.
  • Medir densidad y fluidez el mismo día en que se cuela, no la semana anterior.
  • Mantener el depósito tapado: la evaporación sube la densidad de forma silenciosa.

Sección III El molde de escayola

Moldes de escayola llenos de barbotina sobre la mesa de un taller de cerámica
Moldes llenos, en pleno tiempo de formación de la pared. Imagen editorial de taller.

Una herramienta que absorbe y se gasta

El molde de colado es escayola fraguada, es decir, una red de cristales con poros abiertos entre ellos. Esos poros son los que succionan agua de la barbotina por capilaridad y hacen crecer la pared. Su tamaño y su cantidad dependen sobre todo de una decisión tomada al preparar la mezcla: la relación entre agua y escayola.

Más agua da un molde más poroso, que absorbe deprisa y forma pared en poco tiempo, pero también más blando y de vida más corta. Menos agua da un molde compacto, duro, de buen filo en las aristas, que absorbe despacio y exige tiempos de espera más largos. Los moldes de taller se sitúan en un punto intermedio, y lo importante es sostener siempre la misma proporción para que las piezas de una misma serie salgan iguales.

La escayola se espolvorea sobre el agua y se deja embeber antes de mover la mezcla; batir desde el primer momento incorpora aire que después queda como poros grandes en la superficie de trabajo. Una vez fraguado, el molde necesita secarse por completo, con aire en circulación y sin exceso de calor, antes de recibir la primera colada.

  • Un molde recién hecho absorbe de forma irregular durante las primeras coladas: conviene tratarlas como pruebas.
  • La temperatura del taller cambia el ritmo de absorción; en invierno los tiempos se alargan.
  • Entre colada y colada el molde debe recuperar su humedad de partida, no quedarse a medias.
  • Apilar moldes húmedos sin ventilación entre ellos retrasa el secado y favorece los mohos.

Sección IV El ciclo de colado

Espesor, vaciado y apertura del molde

El ciclo completo se puede describir en pocos pasos, y cada uno de ellos tiene su margen de error propio.

  1. Llenado. Se vierte en un chorro continuo, apoyando la jarra en el borde para que la pasta baje por la pared y no caiga desde alto. Un llenado a golpes atrapa aire y deja rebabas horizontales.
  2. Reposición. La pasta baja de nivel a medida que el molde absorbe agua; hay que rellenar en los primeros minutos para que el borde no quede fino.
  3. Formación de la pared. El espesor crece deprisa al principio y cada vez más despacio, porque la propia pared ya formada frena el paso del agua hacia la escayola.
  4. Vaciado. Se voltea el molde y se deja escurrir en posición inclinada sobre dos listones, hasta que deja de caer pasta.
  5. Firmeza. La pieza sigue perdiendo agua ya vacía, se despega ligeramente del molde y pierde el brillo húmedo de la superficie.
  6. Apertura. Se retiran las bridas y se separan las mitades sin forzar, dejando que la pieza decida en qué mitad se queda.

Cuánto esperar antes de vaciar

No existe un tiempo universal: depende del espesor buscado, de la densidad de la pasta, del estado del molde y de la temperatura ambiente. La forma seria de fijarlo es hacer una serie de pruebas con el molde en cuestión, vaciando a intervalos distintos y midiendo después el espesor del borde con un calibre. Con dos o tres puntos se dibuja la curva de ese molde y ya se sabe a qué minuto corresponde cada espesor.

El error más común es alargar la espera para conseguir una pared gruesa. Una pieza demasiado gruesa seca mal por dentro, tarda más en llegar al horno y llega con más tensiones. Es preferible el espesor mínimo compatible con la forma y con su uso posterior.

La costura y el repaso

Todo molde de dos o más partes deja una línea de junta en la pieza. Esa costura se repasa cuando la pasta está en estado de cuero: firme al tacto, todavía fresca por dentro. Antes de ese punto la pared se deforma con la presión de la herramienta; después, la pasta seca se raya y la línea reaparece bajo el esmalte.

  • Rebajar la rebaba con una cuchilla de canto plano, sujetando la pieza por dentro cuando la forma lo permite.
  • Terminar con una esponja apenas húmeda, sin empapar: el agua devuelta a la superficie levanta partículas y deja la zona más porosa.
  • Comprobar el resultado a contraluz y con el dedo, no solo de frente.
  • Repasar también el borde de vaciado, que suele quedar irregular y con el filo cortante.

Sección V Secado y contracción

La contracción es la medida de lo que salió mal o bien

Al perder agua, la pieza se encoge. Primero desaparece el agua que separaba las partículas y el volumen disminuye de manera apreciable; después sale el agua que ocupaba los poros, sin apenas cambio de tamaño. La contracción de secado de una pasta de colado suele situarse entre el 4 y el 7 %, y a ella se sumará luego la de cocción.

Nada de esto causa problemas si toda la pieza encoge al mismo ritmo. Los defectos aparecen cuando una zona seca antes que otra: un asa expuesta al aire mientras el cuerpo permanece húmedo, un fondo grueso junto a una pared fina, una corriente que da de lleno en un costado. La parte seca ya no puede encogerse más y retiene a la que todavía se contrae; esa tensión se resuelve en una grieta o en un alabeo.

  • Secar despacio y de forma pareja, cubriendo la pieza con plástico ligero durante las primeras horas.
  • Apartar las piezas de radiadores, ventanas soleadas y corrientes directas.
  • Apoyar los bordes de platos y fuentes sobre una superficie plana y absorbente, no sobre una rejilla estrecha.
  • Dejar respirar los asas y apéndices bajo un doblez de plástico, para que no adelanten al resto.
  • Comprobar la temperatura de la pieza con el dorso de la mano: si está fría, todavía se está evaporando agua.

Sección VI Desgaste y sustitución del molde

Cuándo un molde deja de servir

Un molde de escayola no se rompe de golpe: pierde capacidad de trabajo poco a poco. Las sales solubles que llegan con la barbotina se acumulan en los poros y los cierran, la superficie se erosiona con cada desmoldeo y las aristas se redondean. El número de coladas que aguanta depende de la pasta, del cuidado del secado y del propio molde, y varía tanto de un taller a otro que solo tiene sentido llevar la cuenta de los moldes propios.

Marcar en un lateral la fecha de fabricación y el número de coladas, con una anotación cada vez, convierte una impresión vaga en un dato. Cuando las piezas empiezan a salir con espesor menor a igual tiempo, es señal de que la absorción está cayendo.

Señales de que conviene reponer

  • El tiempo necesario para el mismo espesor se alarga de forma continuada.
  • Aparecen manchas blanquecinas persistentes en la superficie del molde.
  • La pieza se agarra en zonas concretas y hay que forzar la apertura.
  • Las aristas y el detalle salen redondeados respecto a las primeras coladas.
  • La línea de junta se ensancha porque las caras de encaje han perdido material.

Conviene sacar el molde de trabajo antes de que empiece a estropear piezas, no después. Guardar un modelo en buen estado, o al menos un molde madre, es lo que permite reponer sin volver a empezar el trabajo de modelado.

Sección VII Bizcochado y esmaltado

Lo que el colado le exige al horno

Una pieza colada llega al bizcocho con paredes finas y una geometría muy regular, lo que la hace agradecida en la primera cocción y a la vez sensible a las prisas. El agua que queda en los poros debe salir sin transformarse bruscamente en vapor, de modo que la subida hasta unos doscientos grados se hace despacio y con la salida abierta. A partir de ahí, la quema de la materia orgánica pide un tramo con aire suficiente antes de cerrar y subir a la temperatura final.

El bizcocho de una pieza destinada a esmaltar se cuece más bajo que su temperatura final, precisamente para dejarla porosa: esa porosidad es la que absorbe agua del esmalte y fija la capa por inmersión o por vertido.

Esmaltar sobre pared fina

Ahí está la principal diferencia respecto a una pieza torneada. Con paredes delgadas, el bizcocho se satura de agua enseguida y la capa de esmalte crece muy deprisa; unos pocos segundos de más en el baño bastan para pasar del espesor correcto al exceso. Los tiempos de inmersión deben ser cortos y, sobre todo, iguales para toda la serie.

  • Quitar el polvo del bizcocho con una esponja apenas húmeda y esmaltar cuando esté seco al tacto.
  • Sumergir y sacar en un movimiento continuo, contando el tiempo en voz baja para repetirlo igual.
  • Vigilar la línea de junta: si quedó rugosa, el esmalte se acumula y marca la costura.
  • Limpiar bien la base y el pie antes de enhornar, con la anchura suficiente para el esmalte que fluye.
  • Dejar secar el esmalte por completo antes de retocar los puntos de dedo, nunca en fresco.

Sección VIII Defectos habituales

Laminaciones, alabeos y burbujas: qué está diciendo cada uno

Los defectos del colado se repiten mucho de un taller a otro, y casi todos remiten a las mismas tres causas: una pasta fuera de punto, un molde que absorbe mal y un secado desigual. Leerlos a tiempo ahorra series enteras.

Laminaciones
La pared se abre en capas paralelas, visibles al romper un fragmento o en forma de escamas tras la cocción. Suelen venir de un llenado interrumpido, de reponer pasta cuando la primera capa ya había formado piel, o de una barbotina demasiado tixotrópica que cuaja por tandas.
Alabeos y deformaciones
Bordes ondulados, bases que bailan, cuerpos ligeramente ovalados. Casi siempre son secado desigual o desmoldeo prematuro, con la pieza aún blanda; también aparecen cuando el espesor cambia mucho de una zona a otra y cada parte se contrae a su ritmo.
Burbujas y picados
Cavidades redondas bajo la superficie o cráteres que se abren en el esmalte. El origen habitual es aire batido en la pasta, un vertido desde demasiada altura o un molde con poros grandes y superficie irregular. Reposar la barbotina y colar en chorro continuo resuelve buena parte de los casos.
Grietas de secado
Fisuras rectas, con frecuencia en la unión del fondo con la pared o en el arranque de un asa. Indican tensión entre zonas de distinta humedad o de distinto espesor, y también un exceso de agua durante el repaso.
Costura marcada
La línea de junta se ve o se nota tras el esmalte. Puede ser un repaso hecho fuera del estado de cuero, o un molde cuyas caras de encaje ya están gastadas y dejan pasar una rebaba gruesa.
Piel de naranja y superficie mate
Textura rugosa en la cara interior de la pieza, propia de una pasta con exceso de desfloculante o de un molde saturado que ya no absorbe con regularidad.

Ante cualquiera de ellos, el orden de comprobación que menos tiempo hace perder es siempre el mismo: densidad y fluidez de la pasta, estado y edad del molde, forma de llenar y vaciar, condiciones de secado. La causa suele estar en el primer punto donde la rutina se ha relajado.

Sección IX Qué se publica aquí

Los contenidos de Pendema

Pendema es un proyecto editorial dedicado exclusivamente al colado en barbotina. Todo lo que se publica gira en torno a ese procedimiento y a las decisiones concretas que exige en el taller.

  • Notas sobre preparación de barbotina, electrolitos y ajuste de densidad y fluidez.
  • Explicaciones sobre moldes de escayola: proporción de la mezcla, absorción, secado y conservación.
  • Descripciones del ciclo de colado, con criterios para fijar tiempos y espesores.
  • Material sobre secado, contracción, bizcochado y esmaltado de piezas coladas.
  • Fichas de defectos, con sus causas más probables y el orden de comprobación.

Los textos están escritos para lectores que trabajan o quieren trabajar con moldes: quien empieza y necesita entender qué ocurre dentro de la escayola, y quien ya cuela y busca ordenar sus propias pruebas. No se publican listas de proveedores ni recomendaciones de compra, y las cifras que aparecen son órdenes de magnitud de referencia: cada pasta, cada molde y cada taller obligan a comprobarlas sobre el terreno.

Sección X Contacto

Cómo escribir al proyecto

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